Crescentio cujete

Crescentio fue alguna vez una persona “normal”, definiendo normal -en este caso- al correcto funcionamiento de sus procesos exclusivamente sociales, no incluyendo de esta forma a los fisiológicos, de los que no había tenido queja alguna hasta el momento justo en el que la metamorfosis tomó nombre propio en su conciencia. La “normalidad” le duró poco, en realidad nunca la conoció, cuando empezó a vivir no sabía que la vida requería de ciertos comportamientos necesarios para encajar en un sistema compuesto por muchos individuos, cada uno con intereses efímeros que respondían a azares caprichosos y en muchos casos a reflujos hormonales. Aun así sobrevivió, manteniendo un invisible pero efectivo muro entre él y el resto de la humanidad.

Dentro de su isla desierta conoció el mundo, más allá de las vastas masas de agua y la solitaria palmera con la que entablaba ricos monólogos sobre viajes al espacio y sumersiones en batiscafos a 11000 metros de profundidad. La ciencia, la música y el cine se convirtieron en sus compañeros de juego, y la soledad en su amante celosa que aún lo acompaña en sus largas caminatas nocturnas.

Aburrido de sólo charlar con piedras y uno que otro murciélago que aparecía por allí, decidió exponer al mundo lo que tenía aprisionado en su totuma, buscando una forma de liberarse de sus hojas y compartirlas con los humanos y otras formas de vida. Espera decir muchas cosas con este blog, aunque sabe que todo puede truncarse en cualquier momento… espero que no.

4 comentarios para “Crescentio cujete”

  1. foton Dice:

    Tu más que nadie sabes, que es más conveniente para mantener una normalidad, charlar con piedras y murcielagos, que perderse en los caprichos indesifrables de los seres hermanos.

  2. ElGranAlejandro Dice:

    Hay que liberarse de las hojas y compartir un poco de la totuma con el resto de los humanos.
    Los fantasmas asustan más de lejos que de cerca dijo el gran Maquiavelo!

  3. lincesagrado Dice:

    Y yo que aún sueño con sembrar totumas.

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