En el paradisiaco archipiélago de San Andrés y Providencia, en el mar Caribe, una pequeña isla emite sonidos materializados con guitarras, violines, mandolinas, tina-bajo o tinófono, quijadas de caballo y voces, conformando la música tradicional de Old Providence, el calipso, el mento y el pasillo.
Coral Group es uno de los grupos que sigue produciendo los ritmos caribeños desde hace más de 35 años, bajo la dirección de Wilberson Archbold, intentan mantener viva la tradición musical en la Vieja Providencia. Han visitado varios países mostrando sus composiciones y han participado en varios festivales nacionales.
Audio:
Old Providence (Song)
Nobody business but my own (Mento)
Caroline (Calypso)
En las húmedas selvas del pacífico colombiano, se pueden escuchar a las aves interpretar delirantes escalas mezcladas con guturales y agudos sonidos producidos por las poderosas cuerdas vocales de los primates que habitan en las vertiginosas alturas de los árboles, mientras la infinidad de insectos marcan interminables compases en una gran sinfonía milenaria que no ha finalizado desde que el primer músico de la naturaleza emitió la primera nota.
Dentro de ésta riqueza sonora natural, se pueden percibir enigmáticas notas provenientes de un piano, pero no el piano con el que Chopin mareaba a bellas damiselas con valses de sesenta segundos, sino un piano construido con seres de la selva, con palma de chonta y guadua, la marimba de chonta, el piano de la selva.
José Antonio Torres “Gualajo”, nació en Guapi, Cauca, en un taller lleno de instrumentos. Allí aprendió a construirlos y enseñaba a tocarlos, luego viajó a Buenaventura donde vivió con Rosa Alomía durante 30 años, pero cuando ella muere viaja a Cali donde funda el grupo Gualajo.
José Antonio ha viajado a Europa y ha recibido medallas y galardones por su dedicación a la música y por representar a Colombia en el exterior, sin que esto le garantice una vida sin preocupaciones económicas. En diciembre del año 2008, Gualajo fue coronado Rey de la Marimba en el primer Festival de la Marimba, gracias a ello y al público asistente, la Secretaría de Cultura y Turismo del Valle del Cauca le dio una casa de interés social, donde Gualajo podrá seguir construyendo esos mágicos instrumentos, y enseñando a tocar currulaos, bundes, jugas, aguabajos, abosaos, andareles y todos esos ritmos que nacen en las selvas del pacífico.
“Se preguntará por qué ‘Gualajo’. Esa fue la chapa musical que me puso mi papá a los 15 años, cuando yo andaba junto con los demás pero no revuelto. El gualajo es así, es un pez al que no le gusta andar mucho con los otros peces, se defiende solito. Y toca, porque con tanta maldad que existe uno no puede confiar. El nacimiento mío fue casi sobre los instrumentos. La partera me puso sobre una marimba para cortarme el cordón umbilical. Así como la marimba me acarició, ese día, yo la estoy acariciando ahora. Mis bundes, currulaos, aguabajos y demás aires del Pacífico los alimento, por ejemplo, con los sonidos del cantar de los pájaros o de las víboras, en fin, de todas aquellas melodías que sólo produce la selva. El único que tiene la olla podrida del Pacífico es el maestro Gualajo, no hay otro. La olla podrida es donde están todos los sonidos desde hace más de 500 años, y están bien guardados. Yo nací virtuoso, todo me lo transmitió mi padre, y después que murió, me salió otro padre, no lo conozco en persona, pero me habla todas las noches de los días viernes. Se llama el duende perlita, el más amigo de todo ser humano, eso es un secreto grande, no se le arrima a todo mundo, sino a los virtuosos“
Música nacida de la muerte, música para despedir a los difuntos, música para hacer bailar a los vivos mientras ven partir a sus muertos. Música que cuenta historias cotidianas en el campo e historias de amor sensato y no correspondidos.
En San Basilio de Palenque, primer pueblo libre de América, los muertos son despedidos con sones fúnebres, lamentos bailables que, en medio del llanto, rinden un tributo lleno de nostalgia y melancolía a esa persona que viaja hacia la eternidad de la memoria.
El Sexteto Tabalá lleva más de siete décadas elevando el sonido de sus tambores y sus cantos en funerales y fiestas. Su música es una mezcla entre el son cubano y la cumbia, el bullerengue y la chalupa, dando origen a un estilo único llamado “Son Palenquero”. Estos sones son paridos con tambores, bongó, clave, güiro, maracas y maríbumla, mientras la legendaria voz del maestro Rafael Cassiani nos cuenta, con versos alegres o lastimeros, lo que acontece en ese Palenque poblado de negros orgullosos de su raíz, de su lengua, de su color.
“El deseo mío? Que pa’ mi muerte tiene que haber tambor! Tienen que bailar! Porque esa es la costumbre aquí en el pueblo, es un velorio pero estamos bailando un cadáver!” Cayetano Blanco, congocero del Sexteto Tabalá.
Audio:
Dámelo mamita (son caminao) Rosa Carminia se va se va (son fúnebre) Julia te arretiraste – Mi pobre corazón (son fúnebre con chalupa)